Hola, tengo una historia que contar,
algo que me pasó
de verdad y que me ha hecho ver a mi perro con otros
ojos, puesto que antes le consideraba como una simple
mascota. Ahora es algo más... y nunca lo hubiera
imaginado.
Thor es mi pastor alemán. Siempre lo había
querido
mucho, pero más cuando me mudé y me fui
a vivir sola a
un apartamento en el centro de Madrid. Él es mi
guardián, mi protector, mi mejor amigo. Me permitía
tener la seguridad de que si alguna vez subía a
casa a
alguien y se ponía un poco pesado, él me
ayudaría a
echarlo y no tendría que preocuparme más.
Y eso era
algo que me ocurría mucho, porque siempre me han
calificado como de ser un poco casquivana. Pero bueno,
nunca me había planteado nada más.
Bien, pues resulta que un día vino a dormir a casa
mi
jefe. Él es un hombre casado, y que viniera a mi
casa,
en lugar de hacerlo encima de la mesa de su despacho,
con prisas, la falda subida y las fotos de su mujer
estorbando por todas partes, era una novedad. Le había
dicho que estaba de viaje de negocios... así que
vino
a casa, y estuvimos juntos en una noche que jamás
olvidaré.
Me acuerdo que estábamos encima de mi cama, que
el me
follaba por detrás, como si fuera una perra, y
desde
la puerta de mi cuarto, Thor nos miraba, sin entender
muy bien, o eso pensaba yo, lo que estaba sucediendo.
Cuando acabamos, él se quedó dormido, y
yo me fui a
duchar, porque es una costumbre que tengo desde hace
muchos años.
Salí de la ducha, y como no tenía sueño,
me fui al
salón, envuelta en mi toalla minúscula,
porque total,
Javier estaba durmiendo, y allí no había
nadie más a
quien pudiera escandalizar... me senté a ver la
tele,
y cuando llevaba un rato, noté que se me había
caído
un pendiente... claro, me agaché al suelo a buscarlo,
gateando por la habitación, sin darme cuenta que
la
toalla se me caía...
estaba buscando el pendiente, justo al lado del sofá,
cuando sentí un aliento cálido en el trasero,
a Thor
husmeándome... 'aparta, le dije, aunque reconozco
que
sin mucha convicción, vamos, Thor, vete a dormir'.
Pero el perro, como yo, no tenía sueño.
empezó a darme
lengüetazos en el trasero, con su lengua grande y
áspera, de forma que llegaba desde el culo hasta
la
vagina. No pude evitar gemir de placer, estremecerme,
y agarrarme a los almohadones del sofá. 'Para,
le dije
al perro, quieto', pero en un tono que debía sonar
a
'más, más' y no a otra cosa... así
que él continuó
lamiéndome y yo retorciéndome de placer.
No quería volverme, porque no sabía exactamente
qué
estaba pasando, y de pronto, noté que Thor se ponía
a
dos patas y se encaramaba sobre mí. Entonces sí
me di
la vuelta, y vi que tenía toda la polla fuera,
grande
y roja, y venía hacia mí derecha.
mi primer impulso fue apretar el culo, evitar que
entrase por ahí, y con mis dedos la dirigí
a mi
vagina, palpitante, deseosa de nuevas emociones, y que
para entonces había perdido ya la conciencia de
donde
estaba.
Thor me la metió entera, y empezó a moverse
adelante y
atrás, con una fuerza animal, que me hizo gritar,
gritar de placer, y retorcerme, sin acordarme de que
Javier dormía. ¡Aaaaah, aaaaah! Me corrí
dos, tres
veces, y él seguía y seguía.
Cuando paró yo creía que no podía
más. Caí extenuada
al lado del sofá, y con los ojos entrecerrados
vi a
Javier, en la puerta de la habitación, mirándome
estupefacto, completamente desnudo y empalmado...
Me arrastré hacia él ronroneando. También
tengo tiempo
para ti. Dije... pero él no dijo nada. Simplemente
me
dio la muleta, y me montó tal como Thor había
hecho
unos minutos antes, en la puerta de la alcoba, con
fuerza, hasta dejarme mareada de placer, borracha de
placer...
la primera de otras muchas noches como esa que habrían
de venir.
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